Conversación entre María Hinojosa (secretaria de asuntos Internacionales) y Marina Pardo (secretaria de organización y comunicación) del Sindicato ALE
Introducción
—María: Hablemos del día a día real de las madres que cantamos, viajamos, ensayamos, criamos, conciliamos —o lo intentamos-
—Marina: sí, podemos plantearlo como una conversación sincera, como las miles que hemos tenido, en camerinos, en coches, en aeropuertos…
Viajar con hijos
—María: ¿Te acuerdas cuando me tuve que llevar a mi madre y a mi prima a Letonia porque no había otra manera de cuidar a mi hijo?
—Marina: Hacíamos Ainadamar de Golijov, ¡Claro que me acuerdo! Es que no es solo que te vayas tú, es que se va media familia contigo… Y si no tienes red, te quedas sin trabajo o sin hijos. Literalmente.
—María: Y ni los teatros ni la administración ofrecen soluciones reales. La conciliación, entonces, te la montas tú a tu costa. Económica, emocional, todo.
—Marina: Lo curioso es que muchas de estas escenas de conciliación extrema ocurren en los grupos barrocos o de música antigua, porque al no tener una estructura tan jerárquica —no hay un director de teatro ni un jefe de producción como tal—, se genera un ambiente más flexible, más de familia nómada, casi hippie.
—María: Sí, ese contexto más libre facilita que pasen cosas que en un teatro serían impensables.
—Marina: ¿Te acuerdas de aquella escena tan bonita con Le tendre amour cuando cantábamos Los elementos de Literes, con dos madres en época de lactancia?
—María: ¡Sí! Kathy se había quedado organizando cosas del escenario porque el espectáculo lo producíamos nosotras mismas, y su bebé no paraba de llorar mientras todos cenábamos.
—Marina: Y entonces Lixsania, también madre lactante, se acercó al padre y le dijo: “¿Quieres que le dé yo de mamar?”
—María: Y Esteban contestó: “¡Ay sí, por favor!” Fue algo tan natural, tan generoso…
—Marina: Esa escena se me quedó grabada. Fue un gesto de humanidad pura. Era tan bonito como salvaje. Pero también mostraba la valentía, la exposición emocional y física, lo duro que es ser madre y artista a la vez.
—María: Y lo necesario que es que se nos vea. Que no tengamos que escondernos para cuidar.
—Marina: Recuerdo una vez, cantando la cantaora de La verbena de la Paloma con Els Comediants, me llevé a mi hija Juliana, que tenía 3 años, y Joan Font, el director, se enamoró de ella y quiso sacarla a escena. No hubo ningún problema: hizo toda la función como figuración en el Carlos V de La Alhambra. Fue una producción maravillosa.
-Maria: Claro, han pasado veinte años, esas cosas estaban menos regladas que ahora.
—Marina: Pero el hecho de que participase me facilitaba muchísimo las cosas, porque estaba siempre conmigo . La producción era muy mágica, con payasos, zancudos, saltimbanquis, que la llevaban en brazos de aquí para allá. Recuerdo que Jesús Castejón, que hacía el Don Matías, me dijo: “Cuando Juliana sea mayor, no se acordará de esto, pero lo tendrá grabado en el subconsciente”.
-Y sin duda es así. Estoy segura de que nuestros hijos nos agradecerán que nos los hayamos llevado con nosotras mientras hemos podido.
—Marina: También recuerdo muchos ensayos durante los cuales mis hijas estaban solas en el patio de butacas, con pinturas y una libreta. Eso hoy sería impensable.
-Sí, entiendo que haya regulación, pero si esa regulación impide que podamos conciliar, entonces son los teatros los que deberían ofrecernos alternativas viables.
Acceso a espacios seguros para madres e hijos
—Marina: Hay muchas situaciones en las que lo que falta no es una gran solución estructural, sino sentido común.
—María: Como lo que pasó con una compañera. Estábamos trabajando juntas y ella había traído a su hijo de once años. Durante las funciones pidió al teatro que le permitieran tenerlo con ella en el camerino. Y el teatro dijo que no.
—Marina: Sí. Antes de la pandemia era habitual que pasaran al camerino tu pareja, tus hijos, tu madre…
—María: Pero muchas de esas restricciones se han quedado como norma permanente. Y lo que era una excepción sanitaria, ahora se usa como argumento de protocolo. En ciertos casos está bien, pero habría que darle una vuelta.
Producciones sin apoyo a la maternidad
—María: Si un teatro se puede permitir una escenografía, vestuario, orquesta, dirección de escena, asistentes, técnicos, segundos repartos… ¿cómo no va a poder permitirse una persona especializada para apoyar a las familias que viajan con niños?
—Marina: Y no estamos hablando necesariamente de contratar a alguien más. Puede ser una pedagoga, un maestro en prácticas, alguien avalado por el Estado para hacer ese acompañamiento educativo y humano durante unas semanas.
—María: Es una inversión en igualdad y sostenibilidad profesional.
—María: Otra opción sería que existiera una colaboración real entre los Ministerios de Cultura y de Educación. Un sistema que implementase una herramienta pública que te permitiera escolarizar temporalmente a tu hijo allí donde tú estás trabajando, de manera que el niño no tenga que perder su curso, ni su rutina, ni su bienestar porque su madre tiene que trabajar.
—Marina: Exacto. Si el sistema funciona para nadadoras sincronizadas de alto nivel, ¿por qué no para hijos de cantantes?
Inflexibilidad institucional
—María: Luego está lo de las administraciones públicas. ¿Te acuerdas de lo que me pasó con la oposición?
—Marina: ¿Que te coincidía con una función de Arabella en Oviedo, en la que cantabas uno de los roles protagonistas?
—María: Sí, y no tenía cover. Cancelar habría sido una ruina para el teatro, para mis compañeros, para el público y para mí.
—Marina: Y fui yo, desde el sindicato, quien te ayudó a redactar la solicitud de aplazamiento. Estaba avalada por ALE, con el apoyo de nuestro abogado… pero no sirvió de nada.
—María: Es inconcebible que una convocatoria pública no tenga margen de maniobra ante situaciones así. Con poner una segunda fecha de examen, como se hace en otros contextos, se solucionaría. Eso también es conciliación: poder ejercer tus derechos laborales y familiares sin tener que renunciar a tu carrera o a tu familia.
Conclusión: el modelo no existe, hay que inventarlo
—María: Todo esto nos lleva a lo mismo: el modelo no existe. No está pensado para nosotras. Hay que inventarlo desde cero. Y lo estamos haciendo, a costa de nuestras energías, nuestras redes personales.
—Marina: Pero si el modelo no cambia, siempre seremos una excepción que sobrevive.
—María: Y lo que queremos es que sea normal que una cantante, madre, artista, pueda hacer todo eso sin tener que pagar un precio inasumible por cada elección. El sistema no nos protege. Pero nosotras, entre nosotras, sí.
—Marina: Y por eso estamos aquí.

